LA TRADUCCIÓN EN LA ANTIGÜEDAD

En la actualidad, todo el mundo tiene una idea de lo que es la traducción, ya sea de forma más o menos precisa. El hecho de poder tener acceso a ella con un solo clic gracias a cualquiera de nuestros modernos dispositivos hace que la gente piense en la traducción como algo rápido, inmediato y eficaz, cuando la verdad es que no siempre es así, pues a veces una traducción precisa puede llevar mucho tiempo.

Debido a todo ello (y al auge de plataformas como Netflix, que facilitan la posibilidad de ver una película o serie en varios idiomas, también con diferentes opciones de subtitulado), la traducción se nos antoja una tarea moderna e instantánea, inseparable de los tiempos en los que nos hayamos.

Sin embargo, la verdad es que la traducción es una de las actividades más antiguas del mundo, pues el intercambio cultural siempre ha sido una de las principales necesidades del ser humano, ya sea por querer conocer lo que se escribe en otras culturas, por la obligación de entenderse con alguien que habla una lengua diferente en una situación conflictiva o por introducir técnicas que otros pueblos tienen.

Uno de los principales pueblos que realizó traducciones fueron los romanos. Todos conocemos su gusto por adaptar la cultura griega y ellos, no solo hacían sus delicias traduciendo literatura, sino que también fueron enormemente pragmáticos y traducían diferentes tipos de documentos como tratados sobre agricultura o documentos oficiales, tal y como señala Fernández Marcos.

Pero ni los griegos ni los romanos fueron los primeros en realizar traducciones. Como indica Beatriz Puerta en el blog de Lema Traductores, la piedra Rosetta se considera «el primer rastro de la traducción propiamente dicha». Esta piedra, según Puerta, data aproximadamente del año 196 a.C. y se trataba de un «decreto que ensalzaba la figura del faraón Ptolomeo V […] en tres idiomas diferentes: los jeroglíficos egipcios, la escritura demótica y el griego».

Al principio de la entrada mencionaba la modernidad, y es que los profesionales se tienen que adaptar en la actualidad a los nuevos sistemas y herramientas que tenemos ahora. Pero esto también ocurría en el pasado. Sin ir más lejos, el mundo de la religión tuvo que ponerse las pilas en materia de idiomas. De este modo, la Biblia y otras escrituras de temática religiosa tuvieron que pasar del hebreo, que era el idioma oficial de la religión, al griego y, posteriormente al latín. Beatriz Puerta nos da unas pinceladas sobre la situación en estos momentos:

Fue posteriormente, ya en el siglo II d.C. cuando comenzaron a aparecer las primeras traducciones de los libros del Antiguo Testamento desde el griego hacia el latín, versión que se denominó Vetus Latina. Ya en este periodo, las traducciones que encontramos tienen que ver con el ámbito religioso, y dos siglos más tarde una traducción de la Biblia será la que cambie por completo la historia de la traducción: la Vulgata. Esta traducción de la Biblia completa llevada a cabo por San Jerónimo, patrón hoy en día de los traductores, ha sido la traducción más divulgada y la única autorizada por la Iglesia católica en su momento. Aunque modificada en algunos aspectos a través de los siglos, esta fue la versión que imprimió Gutenberg por primera vez en 1452.

La Edad Media no solo fue una época llamativa para la traducción únicamente en el ámbito religioso, ya que en lo que hoy es nuestro país convivieron durante mucho tiempo cristianos, árabes y judíos y, como señala Marina Temprano, la comunicación era algo imprescindible. De ahí la importancia que tuvo la traducción:

El latín fue la lengua vehicular durante mucho tiempo, por lo que numerosas traducciones se llevaron a cabo al servicio de quienes quisieron disfrutar de culturas anteriores. En concreto, el saber griego llegó a la Península gracias a la traducción después de haber estado esta aislada de la cultura de Oriente Medio durante muchos años. Este trabajo fue realizado por traductores que trabajaban en equipo, algo muy característico de las escuelas de traductores de aquella época. Allí trabajaron codo con codo judíos, árabes y cristianos para adaptar los textos en varios pasos; un judío que sabía castellano traducía del árabe y el cristiano se dedicaba entonces a traducir la nueva versión al latín. Como veis, la traducción directa al latín no era común, con lo que podemos concluir que los textos finales contarían con numerosos malentendidos tras tanto trasvase lingüístico.

Por muy extraño que pueda parecer, en la actualidad también sucede con frecuencia que no se realicen traducciones directas cuando no se encuentra a un traductor con una determinada combinación lingüística o este traductor no está disponible o tiene unas tarifas que el cliente no quiere o no puede permitirse.

Temprano también asocia la traducción a la esclavitud durante la Edad Media, aunque podríamos decir que también lo sigue siendo en el siglo XXI. Bromas aparte, lo cierto es que según esta traductora «tuvieron un papel notable las órdenes militares, que adoptaron esclavos que les ayudarían a comunicarse con el enemigo […], esclavos apresados tras las victorias, por lo que mozárabes, hebreos o musulmanes servían en la labor comunicativa».

Algo parecido sucedió durante la conquista de América. Marina Temprano vuelve a hablarnos de esclavos durante esta etapa, lo cual no nos suena a nuevo en este contexto en absoluto. Algunos de los conquistadores se hicieron con esclavos, les hicieron aprender español y los utilizaban para entenderse con otros miembros indígenas.

Ya sea por una necesidad comunicativa o por unas ganas de intercambio cultural y deseo de saber, ha quedado demostrado que la traducción ha tenido un papel fundamental a lo largo de la historia. De hecho, en el siglo XV la imprenta supuso un gran impulso a esta práctica, que ha ido creciendo, mejorando y perfeccionándose a lo largo de los siglos hasta la actualidad.

Hoy en día el debate va más allá de la traducción. El debate que se plantea es si la traducción desaparecerá y no será realizada más que por máquinas y herramientas concebidas para estos fines o si siempre será necesaria la intervención de una persona para la correcta ejecución de la práctica. Podéis contarme vuestras impresiones en los comentarios.

Referencias:

Fernández Marcos, Natalio. (2007). «Las traducciones en la antigüedad». Sefarad: Revista de Estudios Hebraicos y Sefardíes, Año 67, Nº. 2, págs. 63-282: http://sefarad.revistas.csic.es/index.php/sefarad/article/viewFile/445/543S

Puerta, Beatriz. (29 de marzo de 2017). «La historia de la traducción» Lema Traductores: https://www.lematraductores.com/blog/la-historia-de-la-traduccion/

Temprano, Marina. (4 de octubre de 2013). «El traductor y la historia: La Edad Media». TRAIDLATION: http://traidlation.com/traidlation/el-traductor-y-la-historia-la-edad-media/

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