LA GENERACIÓN MILLENNIAL Y EL ABUSO DE LOS ANGLICISMOS

Mucho se habla en las redes sociales de los millennials, esa generación que dependiendo de qué página web consultes te delimita unas fechas u otras, pero que en su máxima expansión se sitúa entre el año 1980 y el 2000. Y mucho se habla de esta generación porque somos los que primero nos hemos acercado a las redes sociales sin recelo, como una herramienta que nos ha servido para comunicarnos y expresarnos.

Como ya avanza el título, mi generación tiene cierta tendencia al uso, o incluso al abuso, de los términos procedentes del inglés. Supongo que en gran medida se debe al estallido de la informática a principios del siglo XX, que poco a poco fue dominando todos los rincones del planeta y que hizo que los anglicismos traspasaran fronteras. Los millennials ahora hemos ido más allá y a veces usamos tantas palabras de esta procedencia que  incluso resulta complicado averiguar en qué idioma se está hablando.

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Hay muchos elementos que me gustaría meter en una coctelera para intentar, antes que nada, entender yo mismo el porqué de esta situación. No podemos obviar que, aparte del auge informático, lo que está claro es que Estados Unidos se ha convertido en la potencial número uno a nivel mundial. Por este motivo, no es de extrañar que a través de las series, películas y otros productos que consumimos de procedencia americana se cuelen términos que suenan más cool (utilizo el anglicismo adrede) cuando no se traducen.

Puesto que no me quiero poner a indagar sobre todo este asunto, ya que sería demasiado extenso, me gustaría comentar una consecuencia del mundo informático: la globalización y una de sus principales consecuencias, el auge de las redes sociales.

Las redes sociales me parecen la cosa más maravillosa y perturbadora al mismo tiempo, ya que te encuentras con ideas y gente brillante, pero también abundan los haters por todos los rincones. ¿Lo veis? ¡Acabo de empezar a hablar de redes sociales y ya he utilizado una palabreja de origen inglés!

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Muchas veces estos términos aportan un matiz inconsciente de sofisticación, exotismo y modernidad, ya que parece que la era digital implica comunicarse en un nuevo lenguaje. Muchos influencers han abrazado esta corriente y algunos como Dulceida han creado conceptos en torno a su marca haciendo uso de vocabulario inglés. Ahí tenemos su festival de moda y música llamado DulceWeekend y el hastag que creó cuando hablaba de su nueva casa en su canal de YouTube, #Dulcehome. Sí, la joven barcelonesa podría haberse decantado por DulceFinde o #Dulcecasa, que tampoco suenan tan mal, pero se ve que sus seguidores los millennials (y también mucha gente de la generación Z, que también aman los anglicismos) conectaban más con conceptos que suenan internacionales. Al final se trata de una cuestión de márketing.

En nuestro día a día, los jóvenes hemos desarrollado una devoción tal por este léxico que no podemos parar de decir DIY, gameplay, hype, shippear o crush. ¿No podríamos usar «emparejar» en lugar de «shippear» y «expectativas» en lugar de «hype»? Pues seguramente sí, pero estas palabras no nos definirían en ciertos contextos, no nos sentiríamos representados en según qué ocasiones por el lenguaje. Y ya hablé en un artículo de lo importante que es sentirse representado por tu propia lengua.

Por eso mismo me parecen absurdas alternativas a «youtuber» e «influencer» como «youtubero» o «influidor» porque los millennials somos la voz de la globalización. La palabra que representa nuestra generación es un término inglés y eso es lo que nos define, que al mismo tiempo que nos comunicamos con una persona de España, nos podemos comunicar con otra de Australia y resulta algo magnífico.

El uso y abuso que hacemos de la informática y de las redes sociales ha hecho que el uso que le damos a nuestro lenguaje evolucione y dé un paso más, no sé si positivo o negativo, pero en definitiva la manera que nuestra generación tiene de expresarse es diferente a la de nuestros padres y esto se trata, al fin y al cabo, de un proceso natural que ocurrirá siempre y que será reflejo de nuestra cultura y de la situación que vivimos en el mundo.

Para terminar, diré que el abuso de los anglicismos no deja de ser carne de debate porque la globalización y la internacionalización son maravillosas y puede que nos definan como generación, como personas cada vez más habituadas a consumir contenido en inglés, pero eso también puede ir en detrimento de nuestro propio idioma, el cual debemos cuidar, mimar y enriquecer.

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