MI EXPERIENCIA CON LA TRADUCCIÓN EN LA COMISIÓN EUROPEA

Entorno a estas fechas, hace dos años me encontraba prácticamente en el último tramo de mi etapa universitaria. Eso quería decir que cuando acabara el máster me tendría que buscar la vida de verdad para tener un trabajo relacionado con lo que me gustaba, el mundo de la traducción. En esos momentos, me planteaba cómo podría tirar para adelante y asomar la cabeza para que me contrataran sin ninguna experiencia. Y así, de repente, surgió una de las oportunidades más interesantes que he vivido, unas prácticas en la Comisión Europea, en Luxemburgo. Desde la propia universidad nos lo comunicaron y, puesto que solo duraban un mes, pensé que estaría bien para cambiar de aires y para poder demostrar a través de mi currículum que había hecho algo más aparte de ser un simple universitario.

Cuando pisé la Comisión Europea, lo que más llamó mi atención fue la gran profesionalidad y humanidad de todos los integrantes del equipo español. Todos se dedicaban en cuerpo y alma a que cada encargo se llevara a cabo de la mejor manera posible y el ambiente era increíble. Todos colaboraban con todos y, gracias a esto, cuando se realizaba una revisión de una traducción el resultado era prácticamente perfecto.

Otra parte importante de este tipo de estancias es la convivencia con otros becarios, pues se trata de gente joven que está en la misma situación: intentando desarrollarse y crecer como profesionales, viviendo lejos de su gente en un país que no es el suyo y haciendo unas prácticas con fecha de caducidad. En mi caso, fue una grata sorpresa la de gente maja que encontré y creo que también es importante aprovechar esta parte de la experiencia para enriquecerse, no solo a nivel profesional, sino también personal.

En este tiempo me dediqué básicamente a traducir textos que llegaban a la institución (aunque también hice alguna revisión). Fue entonces cuando me di cuenta de la trascendencia de mi profesión, ya que muchos de los textos que traducía acababan teniendo validez legal. Por primera vez, mi trabajo se usaba para algo más que para practicar y aprender en clase.

En todo caso, las traducciones que realizaba eran directas y siempre se vigilaba que fueran de una dificultad asumible para alguien nuevo en la Comisión Europea. De hecho, así es como se va progresando: cuando cualquier traductor empieza a trabajar en esta institución tras aprobar las oposiciones, recibe textos de poca dificultad o que disponen de una memoria de traducción muy aprovechable para hacer el trabajo más fácil. Lo mismo sucede cuando entran becarios y mi caso no fue una excepción. De hecho, en ningún momento  me tuve que enfrentar a textos cuya dificultad fuera tal que no me viese capacitado para afrontar.

Personalmente, me resultaron especialmente útiles las revisiones de los otros traductores ya que, aparte de los errores, me señalaban todo tipo de sugerencias y apreciaciones para poder mejorar, lo cual es de agradecer teniendo en cuenta lo ocupados que estaban siempre. De este modo, a pesar de que mis prácticas solo duraron un mes, fueron de lo más aprovechable, tuve la ocasión de asistir a alguna que otra formación y me llevé un buen puñado de consejos magníficos.

Aunque yo realicé esta modalidad (disponible en julio y en septiembre), también se pueden solicitar prácticas de varios meses que quizás resulten más interesantes. Todos los años se realizan convocatorias, pero se suele presentar bastante gente. No obstante, en algunas ocasiones un candidato es descartado, pero queda de reserva y le llaman para la convocatoria siguiente, así que suele haber bastantes oportunidades para optar a estas becas. Como dirían muchos, la paciencia es la madre de la ciencia.

En definitiva, para mí fue una experiencia única a pesar de su brevedad y, de no haber encontrado un trabajo después, probablemente me hubiese embarcado en unas prácticas de mayor duración. Aunque estas prácticas están sobre todo enfocadas a que se conozca cómo funciona la Unión Europea y a conseguir que la gente se interese por presentarse posteriormente a sus oposiciones, también es un buen método para formarse y ganar experiencia en un entorno enormemente profesional y multicultural. Puedo afirmar esto porque, además de aprender como traductor, tuve la suerte de juntarme con los chicos y chicas que hacían prácticas en los departamentos de otros países y aprender de ellos y de sus culturas.

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