UN FACTOR EXTRALINGÜÍSTICO ESENCIAL: LA ORGANIZACIÓN DEL TIEMPO

En el día de hoy me gustaría hablar de un factor que no está directamente relacionado con la traducción, pero sí que afecta a la realización de nuestro trabajo. No se trata de la competencia lingüística, del vertido del contenido de una lengua a otra, ni tampoco de la importancia de los factores culturales. Se trata de algo que excede el plano más puramente lingüístico y que muchas veces no nos enseñan en la universidad, teniendo que aprenderlo poco a poco de forma autónoma. Me refiero a la organización del tiempo.

Este factor juega un papel fundamental en el resultado de nuestra traducción, pues si no nos organizamos bien, corremos el riesgo de que el texto meta tenga carencias debido a la falta de tiempo, ya que no habremos dedicado las horas, los días o los minutos necesarios para revisarlo o hacer las comprobaciones requeridas. Según mi experiencia, hay varias consideraciones que deberíamos tener en cuenta:

1) Es imprescindible tener una agenda o calendario en el que apuntemos, no solo las fechas de entrega de cada proyecto, sino también las tareas que nos gustaría llevar a cabo cada día. De este modo, visualizamos a corto y a largo plazo cuáles son nuestras tareas y nuestra motivación irá aumentando según vayamos tachándolas.

Me parece importante porque, tanto si trabajamos en plantilla, como si lo hacemos como autónomos, somos nosotros los que decidimos a qué proyectos debemos priorizar (siempre dentro de las necesidades de nuestro jefe o cliente). De este modo, determinaremos cuáles son más complejos, cuáles resultan más urgentes, cuáles son más largos, etc. y así podremos organizarnos teniendo en cuenta cuándo hay que entregar cada traducción.

2) También es importante tener en cuenta que nos pueden surgir imprevistos en cualquier momento. Puede que de repente recibamos un encargo urgente que debemos realizar sí o sí; que un texto que, a priori, parece fácil nos dé más problemas de los que pensábamos; que nos pongamos malos, o que sencillamente un día no estemos demasiado inspirados. Por este motivo, lo que yo siempre hago es darme un margen para posibles imprevistos cada vez que organizo mi agenda. De este modo, si se dan dichos hechos imprevisibles, tendremos más margen de reacción y, si no es así, podremos sacar adelante nuestros proyectos de forma más relajada o ir adelantando otras tareas.

3) Igualmente importante es adaptar las tareas a tus necesidades. Parece algo básico, pero muchas veces no se piensa mucho en esto. Así pues, si por la mañana nos cuesta más concentrarnos, podemos comenzar por las tareas más fáciles o que más entretenidas nos resulten y dejar las más complicadas para la tarde. De esta forma, aumentará nuestra motivación y, por ende, nuestra productividad.

4) Por último, que también es importante reservar siempre un tiempo prudente para hacer una revisión final sin presión. A veces, debido al ritmo de trabajo, realizamos traducciones de manera un tanto rápida y, si no las revisamos, podemos mandarlas con erratas. Sin embargo, un último vistazo puede salvarnos de despistes a los que no habíamos prestado atención anteriormente. A mí me funciona dejar la traducción en el cajón unos días, pero la urgencia de las entregas hace que esta opción sea posible muy pocas veces (a no ser que sean textos bastantes largos y tenga más margen). Pero si por lo menos podemos esperar al día siguiente o dejar un texto de la mañana para echarle un último vistazo después de comer (y desconectar unos instantes del texto para retomarlo desde otra perspectiva), podremos ver cosas que no habíamos identificado con anterioridad.

Estas consideraciones me han sido de bastante ayuda y se pueden extrapolar a cualquier ámbito, como por ejemplo la preparación de un examen, de una clase, etc. Además, la forma en la que nos organizamos dice mucho de nosotros. Si trabajamos en una empresa, es una herramienta perfecta para que nuestros jefes vean que controlamos la situación y que somos profesionales gracias a nuestra fantástica gestión del tiempo. No hay que olvidar que todo cuenta en un mundo en el que todo va cada vez más rápido y en el que todos somos prescindibles si no somos eficientes.

No quiero terminar sin mencionar que todo este tipo de organización forma parte de nuestro horario laboral. Por eso, aunque a veces sea difícil, debemos procurar no llevarnos los problemas y asuntos de nuestra vida laboral al ámbito personal. Es cierto que en más de una ocasión he estado dándole vueltas a frases o términos problemáticos en mi tiempo de ocio, pero no hay nada mejor que disfrutar de esos instantes de libertad para recargar pilas. El descanso para nuestro cerebro es fundamental para hacer una buena traducción al día siguiente. Parece obvio, pero no es tan fácil en una sociedad tan exigente como la nuestra.

Por último, dejo aquí un calendario que yo mismo he creado para organizarse mejor las jornadas de traducción. Me parece muy útil para gestionar el tiempo y para animarse a uno mismo al poder añadir una recompensa al final de mes e incluir una frase motivadora. Podéis imprimirlo a doble cara y así tendréis todas las tareas del mes en una sola hoja.

[Las imágenes del calendario las he conseguido a través de Pixabay, una web donde podemos encontrar imágenes sin copyright].

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